Escribir....

Eso que siempre le había relajado, le había gustado e incluso, siendo un poco narcisista, no se le había dado nada mal, de repente desapareció de su vida.

Primero fue una dejadez: hoy no puedo, no tengo tiempo, no tengo ideas, mañana lo hago.

Poco a poco, las ideas se le fueron yendo, las palabras no aparecían, las musas se habían escondido.

¿Qué le había pasado? Releía textos antiguos, relatos con los que había disfrutado y se preguntaba como ella había podido escribir aquello, como con unas pocas palabras había podido crear relatos con los que disfrutar, reír, llorar y hasta, por qué no, pasar algo de miedo.

Escribir era un sueño para ella, ver algún día las palabras que salían de sus dedos impresas en un libro su máxima.

¿Por qué lo dejó pasar? ¿Por qué siempre dejaba de luchar por lo que realmente quería o le gustaba?

Aquel día se levantó melancólica, llovía fuera y el recién estrenado otoño le había deprimido más de lo que le hubiera gustado.

De repente, un relámpago, seguido de un trueno hizo temblar las ventanas por las que miraba la vida pasar.

Y de repente, como si aquello fuera una señal, como si el relámpago le hubiera hecho ver la luz, y el trueno le hubiera removido algo de dentro, se dijo : "Hasta aquí"

Cogió su antiguo cuaderno, su boli favorito, se quitó la meláncolía de encima y empezó a escribir:

- Érase una vez...